Mas clases del primer libro de Samuel
Habla Jehová porque tu siervo oye
Demasiado tarde para buscar a Dios
En la cueva con David
Lo que Dios busca en cada creyente

HABLA JEHOVÁ, PORQUE TU SIERVO OYE
1 Samuel 3:1-10

Introducción:
Se dice que el avestruz entierra la cabeza en el polvo porque piensa que con no mirar al que lo quiere comer se va escapar de sus garras. Muchas personas son como el avestruz porque creen que con hacer a Dios a un lado El no los ve y no les va a pedir cuenta de sus actos malos. Otros niegan la existencia de Dios porque piensan que con decir: ¡No hay Dios! pueden borrarlo del universo. Por supuesto que esto es una locura. Nosotros no podemos borrar el nombre de Dios sobre la creación. Podremos decir que El no existe pero muy dentro de nuestra conciencia hay algo que nos dice que El está viendo cada movimiento que  hacemos. Ahora bien, Dios conoce la condición de cada persona y no quiere que nadie se pierda. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Ped. 3:9).

Hoy, Cristo está llamando a todo aquél que está lejos de su camino. Pero, tristemente muchos rechazan el llamado, al igual que Elí y sus hijos. Sin embargo, El recompensa a todo aquél que verdaderamente quiere seguirle. Aquellos que no se contagian con las cosas mundanas. Aquellos que tienen sus oídos atentos a su llamado. 1. ¿Cuál es la razón por la cual muchos no oyen la voz de Dios?                                  
Una de las razones principales por la cual una persona no oye la voz de Dios es su condición  espiritual. Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová (1 Sam. 2:12). Una persona que cierra su mente a la palabra de Dios está en tinieblas y no percibe las cosas espirituales. Está muerta espiritualmente. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente (1 Cor. 2:14). De manera que cuando la palabra de Dios le amonesta no oye porque no tiene un corazón sensible. Tiene un espíritu muerto. Los hijos de Elí eran sacerdotes y vivían en el templo; pero, eran hombres ladrones (1 sam. 2:13-17), y adúlteros (1 Sam. 2:22). Dios les advierte que serán destruidos por sus maldades pero ignoran la amonestación (1 Sam. 2:27-34); porque no había en ellos el temor a Jehová. Estaban muertos espiritualmente.

Así hay muchos hoy en día. Unos prefieren no saber nada del juicio de Dios porque andan en malos caminos. Otros ni siquiera oyen la advertencia a través de la palabra porque están en tinieblas. Sin embargo, no todo es mala noticia. Nosotros como creyentes debemos orar por ellos para que vean su necesidad de un Salvador. Recordemos que el Espíritu Santo puede hacerlos revivir.

2. La respuesta de un corazón sensible a la voz de Dios. En medio de tanta maldad estaba Samuel. El miraba las cosas pero decidió no contagiarse con ellas. Su decisión lo mantuvo puro delante de Dios. En un tiempo en que la palabra de Jehová escaseaba (1 Sam. 3:1), a causa de la maldad de los hijos de Elí; Dios visitó a Samuel en el templo mientras dormía. La respuesta de este joven fue totalmente diferente a la de los hijos de Elí. Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye (1 Sam. 3:10). ¡Qué gran diferencia! En donde el Espíritu Santo ha obrado, la respuesta del hombre a la voz de Dios es una de acercamiento. Esto me recuerda del día en que Saulo se convirtió al Señor. El temblando y temeroso, dijo ¿Qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra a la ciudad y se te dirá lo que debes hacer (Hec. 9:6).

¿Qué diferencia había entre los hijos de Elí y Samuel y Saulo? Samuel y Saulo tenían celos por el verdadero Dios mientras que los hijos de Elí no querían saber nada de El. Si Jesús te está llamando no cierres los oídos, escúchale y ábrele el corazón. El te ofrece vida eterna. El no quiere que te condenes.

Conclusión:
Mi amigo y hermano, ¿Cuál ha sido tu respuesta a Dios últimamente? El te está llamando por nombre. ¿Responderás: Habla Jehová, porque tu siervo oye?

 

 

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