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Dios dame lo prometido

Josué 14:10-12 .

Introducción
La primera alusión que hace Caleb es a la palabra de Jehová, dicha en Cades-Barnea. (14:6). Como sabemos, el episodio de Cades-Barnea fue fatal para Israel. Allí estaban en la posición perfecta para acometer la toma de posesión. No darían rodeo alguno. Todo estaba perfectamente ordenado. Sin embargo, el informe de los diez espías hizo desfallecer el corazón del pueblo. Ellos temieron en gran manera, desconfiaron del poder y la fidelidad de Aquel que los había librado de Egipto, que los había guardado y alimentado en el desierto, y se hundieron en la desesperación.

     Dios se enojó (“se irritó”), esa era la costumbre del pueblo de Israel, provocaba a Dios a pesar de todos los milagros que él les hacía.    Números 14:11 y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?
Gracias a la intercesión de Moisés, no fueron destruidos de inmediato (Núm.14:13-19); pero recibieron castigo por dudar de Dios; pero a Caleb por haber creído a Dios se le dio una promesa.

    Números 14:20-24“Ninguno de los que me han irritado verá la tierra. Pero mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá por posesión.”

     Triste y fatal fue el destino de los incrédulos. Ellos sólo tuvieron ojos para las dificultades y problemas. El incrédulo es pesimista. Muchos cristianos hoy en día también lo son. No se puede contar con ellos para nada, y sus palabras solo son para desalientan a otros.
Pero Dios había tomado nota de los fieles, y desde el cielo había dado testimonio a favor de ellos. “Mi siervo Caleb... decidió ir en pos de mí...por lo tanto Dios le dio una promesa”. Pero, es interesante que Caleb reclamo su promesa no en su juventud, sino cuando ya era avanzado de edad, para ser más claros 85 años.

Tal parece que los años no han pasado en la vida de Caleb; se siente fuerte, enérgico, lúcido, aferrado a la promesa que Jehová había hecho a su favor cuarenta y cinco años antes.

   A sus 85 años viene con toda la dignidad de un creyente a cobrar su promesa. El secreto de la vitalidad de Caleb es haber sido fiel a “Jehová su Dios”. Sus palabras era como decir: “Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años.” Esto es atribuir toda la gloria al Señor: “Si estoy vivo, si estoy sano y vigoroso, todo se lo debo al que me sostiene.”

     Así también puede suceder en un creyente que vive en Cristo y por Cristo, Pablo le dijo a la iglesia de filipenses en:
Filipenses 1:21a Porque para mí el vivir es Cristo... Gálatas 2:20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

    Caleb continúa diciendo: “Cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar...” (Jos.14:11).

    Esto tiene una perfecta aplicación espiritual para quienes vivimos hoy en la preciosa fe del Hijo de Dios. No hay razón para irse debilitando con el paso del tiempo, debemos de estar robustos como al principio...
Nuestro Dios nos llevará de triunfo en triunfo. 2 Corintios 3:18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.  ¡Así quiere vernos el Señor!

I. Hagamos efectiva la promesa de Dios.

    Caleb hizo efectiva la promesa de Dios, se asió de ella, se aferro y no la soltó. Se agarro hasta lograr obtenerla, las palabras de él fueron: “Dame, pues, ahora este monte...”  Pereciesen palabras con orgullo, pero realmente no, son palabras que llevan autoridad con toda la humildad de un siervo de Dios.

      Pablo nos dio un ejemplo de eso también, lo podemos observar en, Filipenses 3:12 No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.

    Ese monte que reclama Caleb es habitado por los anaceos y tiene ciudades grandes y amuralladas. A Caleb se le podría haber asignado por gracia, cual veterano de guerra, la mejor llanura de Canaán, los valles más fructíferos, regados por los mejores arroyos. Sin embargo, él dice: “Dame ese monte”, es como decir: Dios dame esa promesa. Es el más difícil de todos, pero como es promesa de Dios, me pertenece, es mía, para mi tiempo, para mi familia, para mi descendencia.
Los anaceos habían sido vistos como gigantes por sus hermanos incrédulos (Núm.13:32-33). Por eso, ellos habían sido derrotados aun antes de ir a la guerra. Caleb tendría la victoria en medio de aquella incredulidad.
La fe de Caleb era enorme, aunque los años habían pasado seguía en su mismo pensamiento, "esos gigantes los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos y con nosotros está Jehová.”

Precisamente así se ganan las batallas de la fe, antes que ocurran, pues si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
Al obtener ese monte” el nombre del Señor sería glorificado, pues quedaría consignado para todas las generaciones futuras la veracidad de sus promesas, así se confirma en: Números 23: 19 Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, y no lo ejecutará?

    “Ese monte” representa aquella dificultad más grande, la vatallas más alta, el problema que parece imposible de solucionar. Al decir usted "Dios dame lo prometido", constituye un gran desafío, a usar la fe para obtener aquello que Dios ya no prometió. De algo que si debemos estar seguros es que: Si él lo prometió lo cumplirá.

II.  Hagamos lo que Dios dice para recibir esa promesa.

      No podemos seguir al Señor en algunas cosas y fallar en otras. Debemos ser fieles a él y agradarle en todo.
No debemos esperar el respaldo del Señor si le estamos fallando, si no estamos cumpliendo con sus mandamientos,  mientras seguimos infieles e inconsecuentes en muchas otras áreas de nuestra vida no tendremos el respaldo de nuestro Dios.

     Para obtener las promesa de Dios, debemos de actuar cual Caleb: “Seguir cumplidamente a Jehová nuestro Dios”. Esto es lo que el Espíritu nos enseña en Colosenses 1:10 “Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios.”

     Solo fue de esa forma que Caleb echó a los gigantes anaceos y poseyó Hebrón.
Pero, luego que obtuvo Hebrón, ¿qué hizo con su heredad? ¿La disfrutó solo? No; sino que la entregó gustosamente a los levitas para que fuera una ciudad de refugio, adonde pudiera huir el culpable y no muriera. ¡Hebrón vino a ser una ciudad para aquellos que no tenían herencia en la tierra “porque el sacerdocio de Jehová es la heredad de ellos.”! (Jos.18:7).

     Lo que obtuvo de Jehová, lo entregó para Jehová (Jos. 21:8-13). Esto mismo hizo Ana cuando recibió a Samuel como respuesta a su oración. Esto es el evangelio. Este es el espíritu de la cruz de Cristo. Esto es lo que hará también el Señor Jesucristo cuando haya suprimido todo dominio: entregará el reino a Dios el Padre.
Cuando usted ora, ¿sólo busca su propio bien? ¿Busca sólo su deleite? (Stgo.4:3). No, que no sea así. Antes bien, busquemos la gloria de nuestro bendito Dios en todo cuanto emprendamos.

Conclusión
Caleb nos invita a ser fieles a la visión del principio, a cobrar las promesas de Dios, y a tomar la heredad que Dios nos ha dado.

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