Mas clases del libro de Miqueas
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La sepultura de los pecados

La sepultura de los pecados

Miqueas 7: 18 – 20 ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. 19 El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. 20 Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham la misericordia, que juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos.

Introducción
Aquí encontramos una ilustración de sepultura, ésta solo se realiza en cuerpos muertos y tiene doble propósito. Primero: el cuerpo muerto si no es sepultado puede crear enfermedades, por eso es necesario deshacerse de él, sepultándolo. Segundo: Al sepultar el cuerpo, ayuda a los seres queridos a limitar el dolor porque pasa al olvido y solo quedan los recuerdos. El profeta dice que los pecados serán sepultados, pero esta sepultura es diferente a la que se le pueda dar a un cuerpo muerto, el profeta dice que serán sepultados en lo profundo del mar. Para el tiempo de Miqueas  nadie tenía alguna idea de cuanta profundidad puede tener las aguas del océano, pero ahora se puede medir por medio del sonar, y de acuerdo a las investigaciones supera los 11,000 metros de   profundidad, eso es profundo. Con esas palabras el profeta quiere asegurarnos que los pecados cuando son perdonados quedan en un lugar donde nunca más se pueden volver a ver, son sepultados para nunca más saber de ellos, quedan en el mar del olvido. Para que una persona tenga sus pecados lanzados en las profundidades del mar, lo primero que se tiene que hacer es: creer y aceptar a Jesús como salvador.

I.        Sepultar los pecados es dejarlos en el olvido

1Corintios 5: 17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. En la película “El Titanic” se presenta a una anciana tirando en el océano, una joya de gran valor, se muestra cómo se va sumergiendo pausadamente en la profundidad del abismal de las aguas, dando a entender que ya nunca más podrá ser de nuevo encontrada, porque literalmente se la “traga el mar” para quedar totalmente en el olvido.
Para aquella persona que han considerado que su pecado ha sido muy valioso para él o ella, tal vez un vicio, una manía, una mala costumbre, un ídolo, infidelidad, alcohol, cigarro, baile, etc. Debe dejarlo caer en lo profundo del abismo, esa supuesta “joya” hay que tirarla a lo profundo del mar, para que nadie, ni nada le pueda reclamar, para que nadie se lo saque en cara. Hay que dejarlos ir por las profundidades del olvido. Veamos como lo presenta el libro de Levítico. Lo presenta en la forma donde Aarón ponía las mano sobre la cabeza del macho cabrío, símbolo de trasmisión de pecado y luego era enviado al desierto, el desierto era el lugar apropiado para que nunca más regresara aquel animal, así deben ser considerados nuestros pecado: Olvidados para siempre. Levítico 16: 21 “y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto”. (Lev. 16:21)  

II.        Los pecados son llevados a la sepultura por Cristo

En el ritual descrito en el libro de Levíticos, entendemos que cuando Aarón pone las manos sobre la víctima estaba haciendo la transferencia de pecado, y  en el libro de Isaías se nos muestra que el Hijo de Dios tomó sobre sí todas nuestras iniquidades, Isaías 53:6b Más Jehová cargo en él (Cristo) el pecado de todos nosotros. Isaías 53: 12b “…habiendo él (Cristo) llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.  O sea que, aquel macho cabrío mostrado en Levítico solo era símbolo del cordero de Dios que llevo todas nuestras iniquidades al ser sacrificado en la cruz. Así se presenta en el evangelio de Juan, como el cordero que lleva sobre si los pecados de la humanidad, Juan 1:29b “…He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

Conclusión
Hay que permitir a Dios que sepulte nuestros pecados porque de lo contrario infectaran a otros con su descomposición; sino son sepultados no podremos pasarlos al olvido y eso nos puede causar mucho daño a nuestra vida personal como familiar. Cuando Jonás estaba de reverle, era como un pecado que se necesitaba sepultar porque de lo contrario hundiría a toda una tripulación de inocentes, el mar se calmo hasta que Jonás descendió a las profundidades de las aguas. Lo malo estaría en nosotros si nos volvemos buzos, personas que se dedican a bucear en el mar, van y bucean en el océano para volver a sacar los pecados ya olvidados. Pero de algo que si debemos de estar seguros es que Dios quita todos nuestros pecados a una infinita  ilimitada distancia de nosotros. "Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones " (Salmo 103:12).

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