SIN DIOS LA VIDA NO TIENE SENTIDO
Eclesiastés 1:1-11

Introducción:
   Muchas personas ponen sus peticiones delante del Señor y dicen: ¡Señor, bendice mi vida! ¡Señor, prospera mi trabajo! Pero, ¿Qué sucede cuando reciben la respuesta a la oración? Se van de la iglesia. Se van al mundo, y se convierten en personas sin temor de Dios.
Esto fue lo que pasó con el autor del libro de Eclesiastés, el rey Salomón. El día en que David su padre lo proclamó rey, Salomón se llenó de temor. Al ver a un pueblo tan grande y la gran responsabilidad de gobernarlo se acercó a Dios en oración y dijo:

   Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé como entrar ni salir. Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud. Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿Quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? (1 Re. 3:7-9).

   Como respuesta a su oración sincera, Dios le dio sabiduría a Salomón para gobernar a Israel. El fruto de su sabiduría convirtió a Israel en una nación poderosa y a Salomón en el rey más sabio y próspero del mundo.
Al pasar el tiempo, esa prosperidad se apoderó de Salomón; de modo que nada de lo que tenía y hacía le producía satisfacción. Pronto se vio envuelto en las cosas del mundo y le dio la espalda a Dios.

1. Falsas esperanzas.
    Estando en el mundo, Salomón luchó por ser feliz pero no lo logró. Construyó grandes edificios pero no era feliz. Tuvo mil mujeres pero se sentía solo. Hacía banquetes pero seguía siendo el hombre más infeliz del mundo. El hombre más sabio del mundo se había convertido en el hombre más infeliz del mundo; porque no supo apreciar y cuidar las bendiciones de Dios. Salomón había puesto su esperanza en las cosas materiales y esto lo llevó a la ruina espiritual.
Mi querido hermano y amigo, lo que el rey Salomón hizo con su vida es lo que muchos hacen hoy en día. Ponen sus esperanzas en las cosas del mundo y se descuidan de su vida espiritual porque piensan que con tener cosas, placeres, o amigos, van a ser felices. No mi querido amigo, las cosas materiales no producen la felicidad. Lo que producen es amargura. Todas las cosas del mundo y el materialismo son esperanzas falsas. Solo conducen al hombre a la desgracia, a la mujer a la amargura y a la familia a la ruina.
Mi querido amigo, no pongas tu esperanza en las cosas de este mundo. Mejor di como dijo el salmista:

   Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud (Sal. 71:5). Al ver su desgracia y su condición espiritual Salomón escribió:    Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad (Ec. 1:2).

   Lo que dice la palabra de Dios aquí puede ser dura para muchas personas que buscan ser felices con las cosas que hacen. Sin embargo, todo esto es una gran verdad. Todo lo que el hombre hace aquí en la tierra es vanidad. No te sirven para nada si no tienes a Dios en tu corazón. Salomón había probado de todo pero aún así, no era feliz. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? (Ec. 1:3).   

   No importa cuánto trabajes para lograr lo que quieras tener, el día en que mueras será de otro. Entonces ¿Para que trabajo, si es así? dirás. Mi querido amigo, lo que Dios quiere es que busques a Cristo primero y no las cosas que perecen.

2. La verdadera esperanza está en Cristo. 
Tú puedes esforzarte por tener lo mejor pero si no tienes a Cristo no tienes nada. Puedes esforzarte en disfrutar de los placeres de este mundo y de la carne pero si no tienes a Cristo estás condenado a sufrir. Puedes ir a paseos caros pero si no tienes a Cristo vas rumbo al infierno. Es que la vida sin Dios no tiene sentido. Todo lo que hagas no puede reemplazar la verdadera felicidad que Cristo da al saber que has sido perdonado de tus pecados.
La Biblia dice:

   Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Col. 3:1-3).

¿Por qué dice el apóstol Pablo esto? Porque Dios quiere que nosotros pongamos nuestra mirada en el verdadero tesoro que es Cristo Jesús.
Por mucho que luches y trabajes para ser feliz nunca lo lograrás si Cristo no es el Señor de tu vida.
La verdadera felicidad viene cuando Cristo te hace libre de tus pecados. Mientras permanezcas en tus pecados siempre vivirás una vida vacía y llena insatisfacción.

Conclusión: 
   Salomón hizo y experimentó todo cuanto pudo pensar debajo del sol pero nunca fue feliz. Buscó la felicidad y la paz en el lugar equivocado.
Mi querido amigo, lo que quiero esta noche es que tú veas la prioridad de tu vida. Cristo es la prioridad de la vida. Ven a El hoy. No tardes.

 

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