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1. La decadencia, 2. No se puede ocultar el pecado, 3. El origen del pecado, 4. Sacados de la tumba, 5. El gemido del alma, 6. Entendiendo a nuestra alma, 7. El misterio del endurecimiento, 8. El llamamiento irrevocable, 9. El culto a Dios, 10. La autoridad de Dios, 11. La obediencia a la autoridad, 12. El fracaso de la autoridad delegada

La decadencia  (Clase #1)

     Romanos 1: 23     Y  cambiaron  la  gloria  de Dios incorruptible en semejanza de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

Introducción
La decadencia significa:  Declinación, principio de la ruina, principio de la degradación.   Decadencia es estar en el camino a la desgracia, es estar descendiendo. Toda persona que se encuentra cómoda  en  un nivel adecuado, si no se cuida puede tener el riesgo de entrar en una decadencia.   O de estar en el principio de la ruina . En otras palabras la decadencia es el borde del abismo.  Y se puede estar consciente o inconsciente en la decadencia o sea en el borde del abismo. La decadencia puede ocurrir  por  dos causas que son:

  1. Por  la  causa  de  alguien que tiene una mayor potencia o mayor fuerza que hace que produzca la decadencia en otro
  2.  También por nuestros propios errores.

I. La decadencia en la adoración a Dios

     Romanos 1: 23  Y cambiaron la gloria del Dios incorruptible  en  semejanza  de  imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.
Este versículo  expresa  el  paso  a  paso  de  la  decadencia a la idolatría que se hace en cuatro etapas que son:

  1. El hombre rindiendo culto a sí mismo.
  2. El hombre rindiendo culto a las aves del cielo.
  3. El hombre rindiendo culto a los cuadrúpedos.
  4. El hombre rindiendo culto a los reptiles.

     El hombre ha descendido en la idolatría de una manera terrible. Notemos  bien  el  punto de partida:  Abandonó a Dios y le dio culto al hombre, a lo creado en lugar del creador.  Nótese que el hombre no puede vivir sin algún objeto de adoración, y  abandonando  al  Dios  verdadero y  se  adora  a  sí  mismo,  o los héroes, o a  grandes hombres.
Siguiendo la escala  hacia  abajo,  viene  el  culto a las aves del cielo. El idolatra descubre la brutalidad del hombre y empieza a envidiar al pájaro feliz y libre, constituyéndole el objeto de culto. Todavía tiene una elevación de miras.   En  el primer estado adora a la corona de la creación,  después a lo creado, que se mantiene  encima  de  la  tierra,  en las alturas.
Bajando de las alturas llegando al buey,  el  dios por ejemplo de los egipcios que eran los más sabios de la antigüedad.  Y,  cosa  singular,  en  muchos de los círculos modernos de cultura existe más devoción al perro y al gato que al Dios vivo. A quien  se le ocurre pensar más en los cuadrúpedos que en Dios.   
Pero para la completa desgracia el hombre no satisfecho con los cuadrúpedos se rebaja aun mas en su adoración que llega a inclinarse a  los mas asqueroso de los reptiles, a la serpiente, el símbolo mismo del  demonio,  padre  de  todos los engaños.  Ahí están China y Japón, que hasta la tienen  grabada en sus monedas, y ahí están los indios, que la veneran como a santo.

Muchos pretenden que el hombre sin Dios se ha ido elevando. La verdad es que se ha ido degradando y embruteciéndose. 

II. La decadencia al caer en el pecado

      El Faraón de Egipto  su vida fue en decadencia al grado de perderlo todo. Hay muchos hombres en las Sagradas.
       El rey Nabucodonosor,  fue  el  instrumento  que  Dios  uso para castigar a Israel, pero estando ya en la grandeza se olvido que Dios lo levanto y se volvió orgulloso, es allí donde se inicio la decadencia, hasta llegar al grado de ir a comer como las bestias del campo.
        El rey Saúl  Dios lo levantó, pero estando como rey de Israel se inicio su decadencia, por su orgullo y su desobediencia por olvidarse que Dios era el que lo había levantado. Y lo triste de todo fue que llego a quitarse su propia vida.
        El hijo prodigo     Separado del padre, el hijo prodigo iba caminando abajo, de mal en peor, la grado de llegar a comer comida de cerdos.

Conclusión
No hay otro remedio para el hombre sino reanudar las  relaciones  con  Dios,  como  lo hizo el prodigo con su padre. La naturaleza humana no solo esta caída, sino que esta decadente, por lo tanto es urgente que se vuelva a Dios para alcanzar la felicidad.

 

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