LOS CARROS DE SÍSARA Y EL DIOS DE DÉBORA
Jueces 4:1-10

Introducción:
La gente que busca la prosperidad con el fin de ser felices está equivocada. La felicidad no depende de lo que uno puede adquirir y atesorar.Jesús dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee (Luc. 12:15).
Antes del 11 de Septiembre del 2001, los Estados Unidos se sentían seguros; porque tenían las mejores armas del mundo. Todas las guerras que peleaban las ganaban. Este país gozaba de  prosperidad, hasta que un acto terrorista lo doblegó. El error más grande que Estados Unidos cometió fue el olvidarse de Dios. En vez de confiar por protección divina pusieron sus miradas en los tanques de guerra, los aviones bombarderos y sus naves de guerra.
Lo mismo fue con el pueblo de Israel. Cuando vieron que tenían paz por todos lados (Jue. 3:30), se olvidaron de Dios. La prosperidad de ochenta años los condujo a hacer maldad.

1. El error mortal de Sísara.
Cuando Sísara, capitán del ejército de Jabín, rey de Canaán, vio que Israel estaba confiado en su prosperidad se levantó para pelear contra ellos. Por mando del rey Jabín oprimieron a los israelitas por mucho tiempo. Les robaban la cosecha, sus ganados y las pocas cosas que tenían. Sin embargo, no debemos olvidar que todos estos sufrimientos llegaron al pueblo de Dios debido a sus pecados (Jue. 4:1-2).
Al ver sus novecientos carros herrados, el corazón de Sísara se enalteció y se olvidó que; aunque Dios estaba castigando a su pueblo, nunca se había olvidado de ellos.
Por lo general, en medio de la aflicción; hasta el más pecador se acuerda de Dios. Aunque Dios quiere que le busquemos en las buenas y en las malas; no obstante, el nunca rechaza al que viene a él en clamor (Jn. 6:37). Esa es la misericordia de
Dios. El pueblo de Israel clamó a Aquel de quien se habían olvidado y él los escuchó en el tiempo de su angustia.
El diablo es como Sísara. El ve nuestras debilidades y quiere atacarnos porque quiere vernos oprimidos. El se confía en su poder y sus demonios.
Pero el diablo se equivoca. Cristo Jesús está al lado nuestro; aún cuando estamos al borde de la muerte, si clamamos a él en el momento de necesidad, él nos atiende (Jon. 2:1-10).
Sísara confió en sus caballos y le costó la vida; pero, Débora puso su mirada en Jehová Dios de los ejércitos y los israelitas salieron victoriosos.

2. El temor de Barac y la valentía de Débora.
Débora era una mujer ordinaria que se había convertido en juez. Sabemos que era esposa de un hombre llamado Lapidot pero de su familia nada sabemos (Jue. 4:4). Podemos decir entonces que esta mujer no tenía cualidades supernaturales. Era como cualquier otra mujer.
Ahora bien, el nombre de Débora ha quedado en Las Escrituras porque en vez de atemorizarse, confió en Dios. Cuando Barac no quería ir a la guerra porque que él vio los carros; Débora tuvo valor para enfrentarse al ejército de Sísara porque ella tenía la convicción de que Dios la iba a respaldar. En donde un hombre temió y no fue; una mujer fue y recibió la gloria (Jue. 4:8-9)
Mi hermano, cuando el hombre no quiere llevar a cabo los propósitos de Dios, él levantará mujeres que le obedezcan de corazón. Mujeres que aunque sencillas, Dios las levantará con poder; para avergonzar al hombre jactancioso y orgulloso.
Recordemos que fue una mujer quien salvó al pueblo de Israel de las manos de Amán (Ester 7: 1-10). Estas mujeres eran ordinarias pero creían en un Dios grande y poderoso. A ellas no les importó la aceptación o el rechazo del pueblo porque estaban seguras de que Dios las había traído al mundo para cumplir los propósitos de él.

Conclusión:
Los israelitas salieron victoriosos de la guerra contra Sísara no por el tamaño del ejército; sino por la fe de una mujer. Barac fue con ella, pero la gloria fue para Dios y para ella (Jue. 4:9). Si las mujeres cristianas se pusieran en las manos de Dios como Débora lo hizo, habrá victoria no solamente en el hogar sino también en la evangelización de las almas que se están yendo al infierno.
El mundo confía en lo que tiene pero nosotros confiamos en el brazo poderoso de Dios. Aleluya.

 

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