INTERCEDIENDO POR LOS PERDIDOS EN NUESTRA CIUDAD
Nehemías 1:1-11

Introducción:
Pongamos a trabajar nuestra imaginación por un momento.
La casa del vecino está en llamas. Dentro de esa casa está una madre y un padre clamando por ayuda junto a sus dos hijos pequeños. La alarma o detector de humo suena, y tiene sonido de muerte. La estación de bomberos está frente a la casa que está en llamas. Tú eres uno de los bomberos. Porque eres bombero, tú tienes la capacidad y los medios para apagar el fuego y salvar esa familia. Sin embargo, en vez de apagar el fuego, te pones tus audífonos e ignoras que hay una familia quemándose en la vecindad.
Si la ley te juzga, irías a la cárcel por negligencia y homicidio.
En lo espiritual, hay mucha gente que está yéndose al infierno. Muchos de ellos son ciegos espiritualmente porque nadie les ha abierto los ojos con la palabra de Dios. Otros están dormidos espiritualmente.  Los cristianos saben que esta gente va rumbo al infierno, pero no hacen nada por ellos.
Mi querido hermano, un verdadero cristiano debe sentir dolor por los perdidos. Debe interceder por ellos.
El dolor que sintió Nehemías al ver a su pueblo derrotados y en pecado; debe ser el dolor nuestro hacia las personas que todavía no conocen a Cristo. Uno de los primeros pasos que un creyente debe tomar para demostrar a los perdidos es interceder por ellos; para que sus almas se salven. No nos olvidemos de que la intercesión por las almas es un deber de cada cristiano.

1. Lo que el corazón de Dios siente por los perdidos.
   Yo creo que cada creyente es un testimonio vivo de que Dios ama al mundo; porque cuando estábamos perdidos, Dios nos sacó de la suciedad del mundo para darnos una nueva vida.
Nada en absoluto puede compararse al amor que Dios sintió por una humanidad perdida al entregar a su único Hijo como sustituto nuestro, en la cruz. Como resultado de este sacrificio, nadie puede poner en duda el amor de Dios.
Oiga cómo expresó Dios su amor hacia el pueblo de Israel:

   Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia (Jer. 31:3).

   En el Nuevo Testamento vemos esto:

   Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Rom. 5:6-8).

   Mi querido amigo, ese sí es amor. De otra manera, ¿Cómo podemos explicar el hecho de que Jesús, siendo justo, murió por hombres tan pecadores como nosotros?
Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, Dios saca a luz su amor hacia toda la humanidad por medio de su palabra. Y si Dios ama al perdido, ¿Cómo no hemos de hacerlo también; orando por él, para que no se pierda?
Ya hemos visto en pocos detalles que Dios ama al mundo. Ahora veamos qué espera Dios de todo aquél que ya conoce a Dios.

2. Lo que Dios exige de cada creyente.
   Cuando Nehemías supo que la ciudad de Jerusalén estaba en ruinas y la gente en malas condiciones, no se quedó sentado. Ni dijo: Esa gente está sufriendo porque son malos y están pagando por lo que han hecho. No. Mas bien hizo lo que muy pocos hacen en nuestros días.

   Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté atento ahora tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado (Neh. 1:4-6).
Nehemías intercedió por su pueblo. El sabía que no habían guardado la palabra de Dios. Y debido a eso, el castigo de Dios estaba sobre ellos. Se postró ante Dios en ayuno y oración y lloró por ellos; y dijo, Señor, perdona a tu pueblo y a mí también porque somos malos delante de ti.
Mi querido hermano, eso es lo mismo que pide Dios de nosotros. Que intercedamos por los perdidos en ingesta ciudad, en nuestra vecindad y en nuestra familia. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras muchos se van a una condenación eterna. Es nuestro deber hablarles de Cristo.
Abraham intercedió por Lot para que no fuera destruido junto a los de Sodoma.
Nehemías intercedió por un pueblo de Israel que se había alejado de Dios.
Jesús intercedió por sus discípulos.
Y nosotros debemos interceder por todo aquel que todavía no es salvo.

Conclusión:
   Mi querido hermano, siempre recordemos que mientras nosotros estamos aquí, otros están muriendo sin Cristo y sin esperanza.

 

Copyright © Salvados para Servir, Neftalí F