FÍATE DE JEHOVÁ DE TODO TU CORAZÓN
Proverbios 3:5

Introducción:
En una noche oscura, tempestuosa y en medio del mar, Pedro y los otros discípulos del Señor luchaban por sus vidas. La barca en la que iban estaba hundiéndose. Lo único que ellos podían hacer era gritar en desesperación. En medio de la tempestad, apareció Jesús caminando sobre las aguas. Cuando los discípulos lo vieron pensaron que era un fantasma. No lo podían creer. ¿Cómo era posible que un hombre caminara sobre las aguas? Mi querido hermano, no era un simple hombre, era el Hijo de Dios. Para la sorpresa de ellos, Aquel que caminaba sobre las aguas, les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! (Mt. 14:27). ¿Por qué dijo Jesús esto? Mi querido hermano, Dios quiere que nosotros confiemos en El en todo tiempo, en la tormenta y en la calma. Dios dice en su palabra: Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia (Prov. 3:5).
1. El hombre prudente pone su confianza en Dios. Fiarse del Señor de todo corazón es no dudar de El. Es apoyarse en Cristo aun cuando el lazo de la desesperación ya está a tu cuello. Es creer en su palabra aun cuando la respuesta a tu oración se está tardando. Es seguirle, aun cuando no sabes a dónde te lleva. Es darle a Dios lo que El pide de ti, aun cuando lo que te pide es lo único que te queda. Es reconocer que los caminos de Dios son mejores que los tuyos. Cuando has hecho esto, eres un hombre sabio porque no confiaste en ti mismo sino en Dios. Muchas veces, Dios suele estar en silencio como lo vimos en el libro de Job; sin embargo, El nunca se olvida de su pueblo. Jesús dijo: ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de  ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis, más valéis vosotros que muchos pajarillos (Mt. 10:29-31). Muchas personas han fracasado en su vida espiritual porque en los momentos más difíciles de la vida le dieron la espalda a Dios y a su palabra. Pero todo aquel creyente que le cree a Dios pondrá su confianza en Cristo y se apoyará en El.

2. El hombre imprudente confía en sí mismo. Antes de que Jesús apareciera caminando sobre las aguas; seguramente los discípulos estaban tratando de sacar las aguas de la barca con las manos. Habían hecho todo, menos acudir a Jesús. Una vez más, Proverbios nos dice: Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia (Prov. 3:5).    El que confía en su propio corazón es necio; mas el que camina en sabiduría será librado (Prov. 28:26). El entendimiento humano es limitado y puede fallar. Por lo tanto, nosotros no podemos depender de nuestra propia sabiduría sino de la de Dios. Es nuestra propia imprudencia la que nos lleva a los fracasos espirituales. La Biblia dice: Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová (Jer. 17:5). Los que ponen su confianza en sí mismos y en los recursos humanos están condenados a la desilusión, a la pobreza espiritual y a la perdición de sus vidas. Tal vez ahora digan, no necesito de Dios. Pero, llegará el día en que desearán conocerle, mas no podrán, porque será demasiado tarde. Por esa razón, hoy más que nunca, debemos enseñar a los que nos rodean que fiarse de Jehová es la mejor esperanza que tenemos. Bendito  el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto (Jer. 17:7-8). El hombre imprudente confía en sí mismo y dice: No hay Dios (Sal. 14:1ª). Sin embargo, en el día del juicio se dará cuenta que Dios sí existe. Querrá arrepentirse pero ya no le será acepto.

Conclusión:
Mi querido amigo, la decisión que tú tomas aquí en la tierra tendrá efecto por toda la eternidad. Si es así, debes rendir tu vida completamente a Dios. Debes fiarte de Cristo. Debes pedir perdón por tus pecados y arrepentirte de tus malos caminos. Si lo haces, entonces, serás un hombre sabio. Si no lo haces, serás como el hombre necio que edificó su casa sobre la arena. Cuando llegó la tempestad fue grande su ruina. Pero, dirás ¿Cómo puedo poner mi confianza en Dios? Tienes que creer en su palabra. Cuando crees en la palabra, ella producirá fe en ti.

 


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